Universidad Nacional Autónoma de México
Facultad de Estudios Superiores Aragón
Licenciatura en Comunicación y Periodismo
Cuarto semestre
Materia: Teoría y Medios de Comunicación III
Profesor: Miguel Acosta Valverde
Alumnos: Estrada Rocha Leslie Alejandra
Flores Téllez Diego
Pacheco Díaz Luis Giovanni
Pérez Jiménez Daniel Alejandro
Grupo: 2453
Resumen y preguntas del tema 4.6 del libro Historia social de la literatura y el arte de Arnold Hauser
Fecha: 10 de junio de 2020
Tema 4.6 La organización del trabajo artístico en los monasterios
Después de la época de Carlomagno la corte ya no es el centro cultural del Imperio. La ciencia, el arte y la literatura proceden ahora de los monasterios. En sus bibliotecas, escritorios y talleres se realiza el trabajo intelectual. La multiplicación de los centros culturales, debido al desarrollo de los monasterios, provoca una mayor diferencia de las tendencias artísticas. Los monasterios, mantenían una relación entre sí gracias a su común dependencia de Roma, al influjo general de los monjes irlandeses y anglosajones y a las Congregaciones reformadas. A pesar de mantener relaciones con el exterior, los monasterios seguían siendo unidades autárquicas.
El monasterio se esforzaba por desarrollar una economía más autárquica posible y producir en sus propios terrenos todo lo necesario. La actividad de los monjes se extendía tanto al cultivo del campo y de la huerta como artesano. Desde el principio, los trabajos corporales más duros fueron realizados por los campesinos libres y siervos de los monasterios y, más tarde, por hermanos legos. Pero los oficios artesanos fueron ejercidos principalmente por los monjes; precisamente por la organización del artesanado, el monacato ejerció la más profunda influencia en la evolución artística y cultural de la Edad Media. El gran mérito del movimiento monástico consistió en hacer que la producción del arte se realizara dentro del marco de talleres ordenados, con división del trabajo, y dirigidos racionalmente, y que para este trabajo fueran ganados también miembros de las clases superiores. Como es sabido, en los monasterios de la Alta Edad Media eran mayoría los aristócratas, y ciertos monasterios estaban casi exclusivamente reservados a ellos. Y así, gentes que nunca habían tomado en su mano un sucio pincel, un cincel o una paleta de albañil, entraban en relación directa con las artes plásticas.
Es verdad que el desprecio por el trabajo manual sigue estando muy difundido en la Edad Media, y el concepto de señorío seguirá vinculado todavía a una existencia desocupada. Pero ahora, a diferencia de lo que ocurría en la Antigüedad, junto a la existencia señorial, que va unida al ocio limitado, se juzga como valor positivo la vida de trabajo, y esta nueva relación con el trabajo está relacionada con la popularidad de la vida monacal. El espíritu de las reglas monásticas influye todavía en la moral de trabajo burguesa de la Baja Edad Media, tal como se expresa, por ejemplo, en las ordenanzas de los gremios. Pero, de todas maneras, en los monasterios el trabajo es considerado como penitencia y castigo.
Los monjes fueron los primeros que enseñaron al Occidente a trabajar metódicamente. Hasta la reorganización de la economía urbana, los talleres, que, como herederos de la antigua industria romana, eran todavía bastante numerosos en las ciudades, trabajaban dentro de unos límites muy modestos y aportaron poco al desarrollo de las técnicas industriales. También había, en los palacios reales y en las más importantes cortes feudales, artesanos especializados, que tenían que trabajar de manera obligatoria y sin cobrar, pero pertenecían a la casa del rey o a la servidumbre. Su trabajo permanecía fiel a las tradiciones del trabajo doméstico, no guiándose por consideraciones prácticas. La independización del artesano del servicio doméstico no se realiza hasta que no aparecen los monasterios. En ellos es donde por primera vez se aprende a ahorrar tiempo, a dividir y a aprovechar racionalmente el día, a medir el paso de las horas y a anunciarlo por el toque de campana. El principio de la división del trabajo se convierte en fundamento de la producción. Fuera de los monasterios, la actividad artística sólo se ejercitaba en los dominios del rey y en las grandes cortes señoriales. Precisamente en las artes industriales fue donde más se distinguieron los monasterios. La copia y el miniado de manuscritos fueron uno de sus más antiguos títulos de gloria. La creación de bibliotecas y scriptoria que Casiodoro había introducido en Vivarium, fue imitada por la mayoría de los monasterios benedictinos. Los copistas y miniaturistas de Tours, Fleury, Corbie, Tréveris, Colonia, Ratisbona, Reichenau, San Albano, Winchester Eran famosos ya en la Alta Edad Media. Los scriptoria eran, en los monasterios de los benedictinos, grandes habitaciones destinadas al trabajo en común; en otras Órdenes, como, por ejemplo, los cistercienses y cartujos, eran celdas menores. La producción de tipo industrial y el trabajo individual podían subsistir juntos. La labor de los copistas e iluminadores estaba especializada según las diversas tareas. Además de los pintores (miniatures) había los maestros hábiles en la caligrafía (antiquari), los ayudantes (scriptores) y los pintores de iniciales (rubricatores). Al lado de los monjes había empleados en los scriptoria copistas a sueldo, esto es, laicos, que trabajaban en su propia casa y en los mismos monasterios. Además de la ilustración de libros, arte monacal por excelencia, los monjes se ocupaban de arquitectura, escultura y pintura, trabajaban como orfebres y esmaltadores, tejían sedas y tapicerías, organizaban fundiciones de campanas y talleres de encuadernación de libros y construían fábricas de vidrio y de cerámica. Algunos monasterios llegaron a convertirse en verdaderos centros industriales; y si al principio Corbie tenía sólo cuatro talleres con veintiocho obreros, en Saint Riquier encontramos, ya en el siglo IX, un verdadero trazado de calles con los talleres agrupados por oficios: armeros, silleros, encuadernadores, zapateros, etc. No sólo en la agricultura sino también en los restantes ramos de la producción los monjes hacían sólo una parte del trabajo manual y se dedicaban preferentemente a la organización. En los oficios que exigen un esfuerzo corporal, sobre todo en la construcción, el número de hermanos legos y trabajadores extraños empleados debió de ser mayor, y más reducido en las artes menores industriales. Fuera de los monjes y de los operarios libres o siervos ocupados en las cortes feudales, había desde el comienzo operarios y artistas que constituían un mercado de trabajo libre, aunque fuera aún limitado. Era gente errante, que hallaba ocupación ya en los monasterios, ya en las sedes episcopales y en las cortes señoriales.
Los artistas y artesanos errantes procedían en gran parte de los talleres monacales, que al mismo tiempo eran las “escuelas de arte” de la época y se dedicaban muy especialmente a la preparación de las nuevas promociones. En muchos monasterios, como, por ejemplo, en Fulda y en Hildesheim, se montaron verdaderos talleres de arte industrial, que servían principalmente a intereses didácticos y aseguraban nuevas promociones de artistas, tanto para los monasterios y las catedrales como para las cortes y soberanos seculares. Especial altura en la educación artística alcanzó el monasterio de Solignac, cuyo fundador, San Eligio, era el más famoso orfebre del siglo VII. Otro príncipe eclesiástico, prestó grandes servicios al arte, incluso como educador, fue el obispo Bernardo, el magnífico protector de la arquitectura y la fundición de bronce, creador de las puertas de bronce de la catedral de Hildesheim. Muy importante es la contribución del monacato al desarrollo de la arquitectura eclesiástica. Hasta el florecimiento de las ciudades y la aparición de las logias la arquitectura se encuentra en manos casi exclusivamente eclesiásticas, si bien los artistas y operarios que trabajaban en la construcción de iglesias sólo en parte deben ser imaginados como monjes. Los directores de las mayores y más importantes empresas de construcción eran, desde luego, clérigos. Por lo demás, la actividad constructiva de cada monasterio no era lo suficientemente continua como para que los monjes ligados a un monasterio determinado hubieran podido elegir la arquitectura como profesión. Esto podían hacerlo sólo los laicos, que no estaban ligados a ningún sitio y podían moverse libremente. Es cierto que también aquí hay que señalar excepciones. Pero las artes menores, que exigían un esfuerzo corporal menor, correspondían mejor que el arte monumental al espíritu del taller monacal. La sobrestimación del papel del monacato en la historia del arte procede de la época romántica, y forma parte de aquella leyenda medievalista cuya pervivencia nos estorba hoy tantas veces para aproximarnos sin prejuicios a la realidad histórica. El origen de los grandes templos de la Edad Media sufrió la misma interpretación romántica que el de la épica heroica. También en este caso se aplicaron los principios de aquel crecimiento orgánico y como vegetal que se creía poder observar en la poesía popular.
Se negó todo plan orgánico y toda dirección unitaria; se negó la existencia de un arquitecto al que pudieran ser atribuidas aquellas construcciones, lo mismo que se negó, con respecto a los poemas épicos, la existencia de un poeta individual. Se quiso, en otras palabras, atribuir el papel decisivo en el arte no al artista educado y consciente, sino al artesano ingenuo, que creaba de manera puramente tradicional.
Otro de los elementos de la leyenda romántica de la Edad Media es el anonimato del artista. En su equívoca posición frente al individualismo moderno, el Romanticismo ensalzó el anonimato de la creación como el signo de la verdadera grandeza, y se detuvo con particular predilección en la imagen del hermano monje desconocido, que creaba su obra únicamente para honrar a Dios, se ocultaba en la oscuridad de su celda y no permitía en modo alguno que su propia personalidad apareciese. Pero, de manera nada romántica, ocurre que los nombres de artistas de la Edad Media que conocemos son casi exclusivamente nombres de monjes, y que los nombres desaparecen precisamente en el momento en que la actividad artística pasa de las manos de los clérigos a la de los laicos. La explicación es sencilla: si el nombre de un artista había de aparecer o no en un monumento del arte eclesiástico, era cosa que la decidían los clérigos, y éstos, naturalmente, preferían a sus compañeros. De igual manera, los cronistas que solían anotar tales nombres y que eran exclusivamente monjes sólo tenían interés en citar el nombre de un artista cuando se trataba de un hermano de Orden. Si se compara con la Antigüedad clásica o con el Renacimiento, no cabe la menor duda de que en la Edad Media llama la atención la impersonalidad de la obra de arte y la modestia del artista. Aun en los casos en que se cita el nombre de un artista y éste pone orgullo personal en su creación, tanto él como sus contemporáneos desconocen el concepto de la originalidad personal. Pero hablar de un anonimato fundamental del arte medieval es, con todo, una exageración romántica.
Preguntas
1.- ¿Qué procedía de los monasterios y qué se realizaba en sus bibliotecas, escritorios y talleres?
R= Lo que procedía de los monasterios era el arte, la ciencia y la literatura, y lo que se realizaba en sus bibliotecas, escritorios y talleres era la parte más importante del trabajo intelectual.
2.- ¿A qué debe el arte del Occidente cristiano su primer florecimiento?
R= A la laboriosidad y a la riqueza de los monasterios debe el arte del Occidente cristiano su primer florecimiento.
3.- ¿Qué significa que los monasterios seguían siendo unidades esencialmente autárquicas?
R= Lo que significa que los monasterios seguían siendo unidades esencialmente autárquicas es que tenían dominio sobre sí mismas y eran autosuficientes, concentradas en sí mismas, que se aferraban a sus tradiciones más duradera y tercamente.
4.- ¿Qué preescribía la regla de San Benito?
R= La regla de San Benito preescribía el trabajo manual y el intelectual; hacía mayor hincapié en el primero.
5.- ¿Para qué se esforzaba el monasterio?
R= El monasterio se esforzaba para desarrollar una economía lo más autárquica posible y producir en sus propios terrenos todo lo necesario.
6.- ¿Cómo trabajaban los herederos de la antigua industria romana?
R= Trabajaban dentro de unos límites muy modestos y aportaron poco al desarrollo de las técnicas industriales.
7.- La independización del artesano de los servicios domésticos se realiza hasta la aparición de los monasterios. ¿Qué se aprendió de dichos monasterios?
R= Se aprende a ahorrar tiempo, a dividir y a aprovechar racionalmente el día, a medir el paso de las horas y a anunciarlo por el toque de campana.
8.- ¿Que eran los Scriptoria?
R= Los scriptoria eran, en los monasterios de los benedictinos, grandes habitaciones destinadas al trabajo en común; en otras Órdenes, como, por ejemplo, los cistercienses y cartujos, eran celdas menores. La producción de tipo industrial y el trabajo individual podían subsistir juntos. La labor de los copistas e iluminadores estaba especializada según las diversas tareas.
9.- ¿De qué se ocupaban los monjes?
R= Los monjes se ocupaban de la arquitectura, escultura y pintura, trabajaban como orfebres y esmaltadores, tejían sedas y tapicerías, organizaban fundiciones de campanas y talleres de encuadernación de libros y construían fábricas de vidrio y de cerámica.
10.- ¿En dónde encontraban ocupación los operarios y artistas?
R= Hallaban ocupación en los monasterios, ya en las sedes episcopales y en las cortes señoriales.
11.- ¿Cuáles fueron algunos inventos realizados dentro de los monasterios?
R= La producción de vidrio, las pinturas al fuego en las vidrieras y la mezcla de colores al óleo.
12.- ¿A qué se dedicaban las llamadas “escuelas del arte”?
R= Los talleres monacales o escuelas de arte se dedicaban especialmente a la preparación de nuevas promociones, es decir, servían principalmente a intereses didácticos y aseguraban nuevas promociones de artistas, tanto para los monasterios, como para las cortes y soberanos seculares.
13.- ¿Quién era el más famoso orfebre del siglo VII?
R= San Eligio
14.- ¿Por qué en la leyenda romántica de la Edad Media, existía el anonimato del artista?
R= El Romanticismo ensalzó el anonimato de la creación de una obra, ya que se decía que era creada para honrar a Dios, y los pocos nombres que se conocen de artistas de esa época, son nombres de monjes y los nombres desaparecen cuando se pasa de los clérigos a los laicos. Si el nombre de un artista había de aparecer o no en un monumento de arte eclesiástico, lo decidían los clérigos, quienes naturalmente preferían a sus compañeros.
15.- ¿Quién fue el creador de las puertas de la catedral de Hildensheim?
R= El obispo Bernardo, protector de la arquitectura y la fundición del bronce.